Feb 9, 2010

Me decepcionas con tus malos hábitos en la mesa

kurazaybopipo

Ya lo leí o lo escuché en alguna parte. Me parece que fue en una canción de Arjona, ya ven que están siempre cargadas de luz y sabiduría. Decía algo así como que los padres, al educar a sus hijos, les van metiendo los mismos temores y prejuicios que ellos tienen y hasta la preferencia por el mismo equipo de futbol. En lo personal no me molesta, creo que para bien o para mal eso es normal y hasta deseable (hey, al tener hijos te ganas el derecho a echarlos a perder de la manera que prefieras ¿no?). Y si bien en la mayoría de los casos la familia entiende que no seas fans del equipo de futbol americano de papá o las telenovelas de mamá, hay algo de lo que es bien difícil zafarse: la comida.

Antes de empezar la larga lista de decepciones quisiera aclarar que no me considero una persona "delicada" a la hora de comer, como prácticamente de todo y poco reparo en cuanto a la insalubridad de los alimentos o los riesgos que constituyan para mi salud. El punto es que, aunque no me resista mucho a comerlos si no hay de otra, hay platillos que por alguna razón son tradicionales, se les considera altamente apreciados y no nos dejan nunca en paz en las fechas festivas. Nunca comprenderé la reverencia que les tiene la familia mexicana y normalmente para mi son solo una decepción tras otra, por ejemplo...

El mole - servido con gran fanfarria, hace las veces de plato elegante que a todos complacerá. Se sirve en bodas y cumpleaños. Cuenta la leyenda que es uno de los platos más tradicionales y además de difícil preparación por la cantidad de ingredientes (algunos un tanto contradictorios como el chocolate y el ingrediente secreto de la receta de la abuelita) y tiempo que requiere el llevarlo a la mesa. Nunca lo he captado, es una masa sin consistencia que generalmente tiene mucha grasa, es amarga y picante. Comúnmente se acompaña de carnes feas o la pieza de pollo entera. En las artes y ciencias culinarias se le considera una salsa, pero díganle eso a sus mamaces y verán cómo la hacen reír. No, algo tan "tradicional y sabroso" tiene que ser mucho más que una salsa. Ahora les voy a decir otra cosa que me decepciona del mole: en la actualidad es raro que se prepare en casa, la mayoría es comprado ya sea de la cocina económica o de concentrados comerciales. La excepción a las decepciones para mi son las enchiladas servidas con crema, queso y salsa de tomate verde.

Chiles en nogada - meh, y aparte son caros.

El bacalao - es un pescado que quién sabe a qué sepa en realidad (ignoremos por un momento que la mayoría de las personas nisiquiera saben carne de qué clase de pescado se trata) por que con tanta sal es imposible saberlo. Mi familia lo consume en navidad, que es la época en la que más se consigue, vayan ustedes a saber el motivo. Normalmente la carne es lavada una o dos veces pero ¿qué creen? aún así sabe salado. Nunca se me antoja.

Los romeritos - son una yerbita rastrera que sabe a tierra... y que lata andarlos limpiando. En serio, señoras, no se molesten, nomás les gustan a los viejitos.

El pozole - otro de los grandes favoritos para cuando hay fiesta. Vamos a ser francos, el caldo de maíz hervido no sabe bien, de hecho casi no sabe a nada. Son los mil y un condimentos irritantes lo que le da sabor al pozole. Normalmente lo sirven con pollo, con lo que queda bastante decente. Pero hay veces que le ponen una carne de cerdo horripilante en trozos gigantes con hueso y venas y todo para comer como cavernícolas. Y si aparte lo preparan picosísimo, uf!! no hallo ni donde esconderme para evitarlo. Creo que empezaré a decir que tengo úlcera nadamás para evitarme el sacrificio. Estoy seguro que es el plato fuerte que sirven en el infierno.

Atole - es un brebaje espeso que se obtiene al hervir una serie de oscuros y maléficos ingredientes en la olla más grande que se pueda encontrar. Y canela, no se les vaya a olvidar la "rajita" de canela. Lo hay de sabores frutales, de chocolate alias el "champurrado" o de pura masa y piloncillo. Pero el más feo y desagradable es el de avena, por la consistencia pastosa-babosa-intragable de la avena que queda al fondo del vaso. Además se acostumbra servir lo más caliente posible y en vasitos de unicel, ingrediente casi tan básico como la canela.

Ponche - otro clásico de las navidades, con albaricoque, caña y si, lo adivinaron, canela. En las posadas es reglamentario que cada vaso lleve más fruta que otra cosa, de modo que en tres sorbos se acaba y la fruta se va a la basura. Pero seamos sinceros, a nadie le gusta el ponche en realidad más que a los viejitos. Frío no sabe bueno.

Mariscos - ¡ah, los frutos del mar! ¡tan apreciados que hasta hay restaurantes especializados! Yo no sé bien el motivo, pues los mariscos no saben a nada y normalmente se batalla para comerlos, ya sea por las patas, cáscaras y tenazas, ya sea por que hay que sacarlos de su concha o cual sea el mecanismo al que la naturaleza le haya condenado al negarle al pobre animalito la gracia de una columna vertebral. Lo repito: los mariscos prácticamente no tienen sabor, son caros, son de temporada, son de dudosa procedencia y frescura. Por Dios, la frescura. Debo reconocer que mi punto de vista respecto a los mariscos puede ser que esté muy desviado de la realidad debido a que algunas personas de mi familia son alérgicas (se empiezan a inflar de la cara y manos como Malcolm en ese episodio del picnic de la compañia de Hal) y a que he sufrido mucho cuando los he consumido. ¿Cuánto exactamente he sufrido? pues como 4 dias en cama con fiebre y todo por darle una probadita a una paella en un cumpleaños. Lo peor es que fue por puro compromiso FML. Pero bueno, el caso es que con los mariscos nada más no vale la pena el esfuerzo y probable sufrimiento posterior. No tienen color, sabor ni consistencia, en un cóctel de camarones lo único que sabe a algo es la salsa. Los mariscos están envueltos en las estructuras orgánicas más bizarras de todo el planeta y simplemente no son agradables. Quizá la prohibición de su ingesta sea lo único en lo que los judíos tenían razón.

Las alitas de pollo - no son un alimento, punto.

Pavo - bueno aquí mi decepción no va dirigida contra el pavo en sí, sino hacia la triste caricatura en la que se ha convertido. La carne de pavo es sabrosa, sana, baja en grasa y en colesterol y, sobre todo, es abundante pero, por razones que me son desconocidas, no nos acordamos del pavo hasta que llegan las navidades. Y pasa algo muy curioso: mientras que todo el año los criaderos se la pasan malbaratando la carne magra para la manufactura de jamones y salchichas que le añaden kilos de sal y conservadores y le quitan lo blanco y puro, estamos contentos con pagar precios inflados a fin de año por un guajolote congelado duro como la piedra. ¿No es un desperdicio sin razón de ser? A ver, yo quiero ver puestos de caldo de guajolote en cada esquina, pavo al pastor, hamburguesas y nuggets de pavo, filete de pavo como plato fuerte, muy de vez en cuando se llega a ver un pavo enmolado... parece que se nos acabó la imaginación, caray. Estoy decepcionado de todos ustedes ¡coman más pavo!